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La Diabetes en el Entorno Familiar: Parte 2

La Diabetes en el Entorno Familiar: Parte 2

El niño:

La diabetes es estresante para los niños que la tienen. La enfermedad en sí requiere mucha madurez y disciplina con la dieta, ejercicios, análisis y medicamentos, situaciones que exigen mucho de los niños.

Los niños con diabetes pueden llegar a sentirse diferentes en el entorno escolar o entorno social, lo que afecta directamente su estado de ánimo y rendimiento académico. Algunos niños pueden pensar que la enfermedad es un castigo por haberse portado mal; otros pueden sentir pena, vergüenza o temor y miedo. Rabia y disgusto son otras reacciones frecuentes de la enfermedad, en el que los familiares y las personas más cercanas deben preparase para manejar de manera correcta.

Los padres, además de ayudar y supervisar a su hijo (especialmente al inicio del proceso) deben saber estimular su autocuidado y no protegerlo en demasía, para evitar que el niño se vea incapaz y se valga de la enfermedad para manipular. Sentirse independiente será una buena terapia para la autoestima del niño.

En términos generales, el objetivo del tratamiento y de la educación del niño y de su familia, es que la enfermedad perjudique lo menos posible en el desarrollo del niño. Para lograr este objetivo, la clave es conseguir integrar las diferentes personas en la vida del paciente (familiares, maestros y amigos) para que se adapten a las necesidades del niño.

Otra meta fundamental es preparar el niño para que, cuando se vuelva totalmente responsable por los cuidados con la enfermedad, tome las riendas de su vida.

El adolescente:

Mientras que la diabetes de un niño depende de sus cuidadores, la diabetes de un adolescente depende de sí mismo. El adolescente merece atención especial, porque en esta etapa de la vida es común que el control de la enfermedad no sea correcto.

Preocupaciones inherentes a la diabetes como la dependencia de la insulina o el miedo de descompensarse, pueden desencadenar problemas de relación y obstaculizar en la realización de actividades propias de la edad, como las deportivas o las sociales.

En los adolescentes con diabetes, el desarrollo sexual puede ser más problemático que lo normal. Por ello, esos problemas sociales pueden interferir en el rendimiento académico y ponerlos en un círculo vicioso, cuyo principal resultado es el descuido de la enfermedad y del control adecuado de la diabetes.

Es posible que a lo largo de la adolescencia el número de visitas al médico o al psicólogo aumente, lo que no representa ningún misterio. Los padres y familiares asimismo tienen que estar preparados para afrontar esta etapa, durante la cual deben llenarse de amor y paciencia para conquistar la confianza del adolescente y lograr conseguir que entienda que no está solo.

Finalmente, es importante saber que, cuando se trata de adolescentes, es fundamental hacer hincapié en el impacto negativo que el consumo de tabaco y alcohol tiene sobre la enfermedad, ya que ellos forman parte de una población especialmente vulnerable a probar estas sustancias.